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Mostrando las entradas con la etiqueta ke tristeee

Estoy enojada y ¿qué?

Amanecí amargosa, pero no amargosa a secas, no amargosa que se le pasa lo amargada después de desayunar, no señor, mi amarguez va más allá de la delgada barda que separa mi acojedora casa de los reguetoneros departamentos que tienen vista a mi patio y a mi recámara. Sabemos hasta el cansancio, sobre mi repudio al regueton [tanto es mi odio que lo escribiré como se me hinche el ombligo] y mi animadversión a mis vecinas gordas y feas que se empeñan en creerse cantantes profesionales y se ponen a balbucear canciones pendejas de Daddy Yankee y su puta madre. Mi amarguez hoy ha llegado al punto de infectar mi paciencia y sacarme ronchas en la tolerancia al prójimo. Es por eso, que de la manera más atenta les informo que en noviembre es mi cumpleaños. Seguro preguntaran: ¿y eso a mi qué? Pues sencillamente, les comunico que con gusto estoy aceptando regalos adelantados pero de preferencia que sean esto o esto . Estoy dispuesta a retacarles de diábolos, sus grasientas lonjas con tal de: no d...

Nunca creí decir esto, pero... ¡extraño Drumheller!

Si, alguna vez dije que odiaba ese pueblo rascuacho porque no tenía Tim Hurton's y porque estaba a dos horas de la civilización y que hacía mucho calor en verano y mucho frío en invierno y que me aburrían los dos únicos bares del pueblo y que después de que abrieron Hombres también lo odie y así. Pero como demonios no voy a extrañar a la gente de allá, por ejemplo: Sam. Así con lo orate que está y que se ponía a bailar a cualquier hora, que me ayudaba a joder a Joaquín y que nos armabamos buenas guerras de bolas de nieve, era todo un placer trabajar con ella, las horas volaban en súperchinga. Yo sé que ella no va a leer esto porque aún no entiende muy bien este asunto de hablar en español, pero aún así... ¡miiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiren lo que me hizo! ¡Ah! Esto es lo que me hace extrañar mi pueblo pedorro.

Pd. Tu cel ha muerto...

Todo la felicidad con la que empezó el día de hoy se fue tornando en tristeza al caer la tarde... En las mañanas siempre suena The Girl From Ipanema en la versión de Nouvelle Vague en mi despertador [o sea mi celular... un lindo Nokia 5300 con menos de 2 meses de edad llamado Macario ] como por ahí de las 6:30 a.m. lunes y jueves que entro tarde a la escuela y como a las 5:30 a.m. cuando entro a las 7 a mi clase de Microeconomía . Las primeras notas y esa suave voz cantando como si fuera el soundtrack de mis sueños: "... tall and tan and young and lovely , the girl from Ipanema goes walking ... " hacen que mis ojos se abran lentamente y empiece a asimilar que es hora de levantarme para llegar a tiempo a la escuela. El día de hoy no fue la excepción... todo transcurría normalmente: primer día de clases, Contabilidad Financiera II a las 9 en lo más alto del edificio A, yo llegando temprano para ponerme al tanto de los chismes vacacionales y recordar alguna ...