Encontrábame sumida en una depresión pre-parto porque nadie me pela, que estoy bien pinche fea pero tengo una letra muy bonita y el dedo meñique de mi pie izquierdo es precioso, que llevo años sin probar las mieles del amors y que me voy a quedar sola y que terminaré como La Loca de los Gatos [la de Los Simpsons, pues] y que la verga del muerto, cuando creí que un rayito güero reguetoñero quería iluminar mi camino. Regresaba yo muy feliz de la escuela y caminaba por la esquina de mi casa cuando de repente, un reguetoñero se me acerco. Inmediatamente pensé hasta en quitarme mis tenis para darselos y que no me hiciera nada, pero muy amablemente [si así se les puede calificar a sus acciones] me preguntó mi nombre. De igual forma, atiné a responderle con una sonrisa [que más bien siento que fue una mueca entre "no-me-robes-vivo-por-aquí" y "tengo-miedo"] para despistarle y le pregunté por qué quería saberlo y argumentó "nada más" con una sonrisita desas ligad...
Alguna vez alguien me dijo que soy agridulce... talvés haya tenido razón...