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Mostrando las entradas con la etiqueta morí

Me he secado

Perdonarán lo soso que puede llegar a ser este post, pero sabrán que el sábado, Nestor y yo nos fuimos de compras de películas al metro Balderas donde encuentras de esas que sólo algunos elegidos conocen. Según [según] yo, iba a buscar unas películas españolas de las que había visto pedacitos en yutub pero ni las encontré y acabé comprando unas coreanas y una argentina: El Lado Oscuro del Corazón. Ya sé, muchos ya la habrán visto y se sabrán de memoria el: "Me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o piel de lija. Le doy una importancia igual a cero al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisiaco o aliento insecticida. Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias. Pero eso sí, y en esto soy irrefutable, no les perdono bajo ningún pretexto, que no sepan volar. Si no saben volar, pierden el tiempo conmigo." Pero yo había visto cachitos, nunca ...

Soy como Sansón

Recuerdo que alguna vez, durante mi juventud [como a los 15 o 16] fui a que me cortaran el cabello a una de esas estéticas que huelen a pelos quemados, tintes y cigarro, cosa que no debí haber hecho empezando por el olor y terminando porque el alma encargada en cortar mis rizos era una viejita de esas de la Edad de Piedra que nomás no sabía nada del ambiente fashion y me lo dejo raro... tuzado... feo pues. Desde aquella ocasión quedé traumada e iba a sólo a que me lo despuntaran porque ya me daba miedo hacerle algo emocionante a mi sedosa cabellera hasta que [estando en Canadá y como el pinche corte me costaba $30 CND] decidí cortármelo con mis propias manos, bien filosofía punk: "Hágalo usted mismo" en parte porque me dolía pagar trescientos pesos por una tijereteada que por otra parte, bien podía hacer yo misma y si la cagaba, no iba a sentir tanto el putazo de que alguien más me jodio el luc. Así pues, compré mis tijeritas y me corté el fleco, me dejé el cabello todo pinch...

De intolerancia, emos y otras cosillas...

Como ya es sabido, apenas hace dos semanas regresé de mi viaje espiritual y laboral por las frías tierras canadienses y aún recuerdo a todas aquellas personas que siguen abriendose camino a través de la nieve que ha cubierto las calles que alguna vez recorrí congelándome y envuelta en capas de ropa tan gruesas que ni una bala pasaría. Regresar a la ciudad más grande del país ha sido un proceso de reeducación y readaptación a la gente que te aplasta en el metro, la gente que se trepa hasta en las ventanas de los micros, a la gente que no respeta tu espacio vital, a la gente que se mete en las filas, a la gente que aromatiza el vagón del metro con sus perfumes concentrados de más de una semana, al tráfico, al estrés, al smog, al calor, a la histeria colectiva, a la gente que te grita en la calle... También han sido semanas de reencuentros, algunos más gratos que otros porque el pasado nunca olvida y te persigue hasta darte de dos sopas: regresa a ayudarte a encontrar la paz interna o vue...