Honestamente, como he mencionado en ocasiones anteriores, me disgusta la idea de ir a ver una película y pagarle a un emporio por aplastarme en una sala donde la mayoría de las veces me toca un mocoso en la butaca de atrás que se la pasa pateándome la espalda dos horas o encontrar personas que se la pasan hablando toda la función cual si estuviesen en un café de Coyoacán, pero la gente insiste en invitarme y yo insisto en no rechazales la oferta. Hoy no fue la excepción. Nestor y yo fuimos a ver Batman y por fin mi alma está tranquila porque la vimos en inglés, nada como escuchar al difunto Ledger en su idioma natal, en la lengua de Shakespeare pues. Aunque el baboso me tiró mi churro de chocolate [caríiiiisimo, es que fuimos a Antara, ya sabeeeeeeeeees] y un bebé se la pasó balbuceándome en la oreja, fui feliz viendo esa película de nuevo. Saliendo, fuimos por un café y descubrimos cual será mi nuevo apodo: Llámenme: La Propinas, de nada. Mientras echábamos el chisme y regábamos nuest...
Alguna vez alguien me dijo que soy agridulce... talvés haya tenido razón...