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Mostrando las entradas con la etiqueta cosas de oficinistas asalariados

Las taquilleras del metro deberían desayunar, comer y cenar All-Bran

¡Es que están cabronas las condenadas! Vaya, entiendo que eso de estar aplastada en una silla incomoda dentro de un cuarto de dos por dos y todavía, viendo personas feas [en su mayoría, pues; no nos hagamos los "¡pinche LauRa loca, yo estoy guapísim@!"] pasar a pedirles boletos del metro o recargas de tarjetas, es innegablemente espantoso, pero ¡coño, qué no pueden ser un poco más amables? Todavía de que les pagan por hacer un trabajo que cualquier hijodevecina con tres dedos de frente puede hacer, ponen jetas, avientan el cambio y te contestan como si les estuvieras pagando un boleto del metro que les debes desde hace 40 años y con ese dinero, no habían podido darle de comer al hijo leproso, al marido huevón y al sobrino encarcelado ¡pinches viejas! Aunque, aclaro, que una de cada millón, es la mar de amabilidad y hasta sonríe... pero esas sólo se dejan ver una vez en la vida [a mi ya me tocó ¿y a usted?]. Hoy, cuando regresaba a mi casa, mi querida tarjeta sólo tenía $1.00 ...

¡No manches, casi me mueroooooo!

Trabajaba yo cual oficinista responsable que soy cuando así nomás, de repente y sin previo aviso ¡pufff! vi todo negro, como si me hubieran bendado los ojos y empecé a sentir que me mareaba y que el alma que, con tanto cariño cuido y alimento con pan y quesito, abandonaba la carne que algún día se comerán los gusanos [aunque preferiría que terminase quemada y las cenizas esparcidas en algún lugar significativo]. Así de la asuencia de existencia, sentía que me moría e inmediatamente corrí con el adulto de confianza que tenía más cerca y le dije: "¡Tío me siento mal, me está cargando la mierda! [sic]" y gracias a su pericia y habilidad, evitó que cayera desmayada haciéndome caminar a lo largo y ancho del patio del edificio y comprándome una nutritiva Coca porque, cual mexicanos que somos, sabemos que la Coca puede ser tan eficiente para curar cualquier enfermedad, aliviar las penas que el pan no puede y limpiar inodoros. Llegando a mi casa [y vaya que nunca había deseado tanto ...

¡Albricias, es viernes! / Frase Célebre

¡Por fin es viernes [cuando era una sanguijuela me preguntaba por qué las personas trabajadoras se alegraban por un pinche día y ahora, les entiendo]! Sucede que en el lugar donde me parto la espalda trabajando como negra para mantenerle el vicio [cigarros, por supuesto] a mi señora madre y a su vecina laquenofumadelantedesumarido, cada quien hace su horario y hoy me di el lujo de llegar a las 10 y algo y salir a las 2 para echar el cafecito con Mary y comprar un libro que sólo podía conseguir en Gandhi o El Sótano, pero no contaba con que mi primo [no el fresa, sino su hermano nofresa] iba a acompañarme, así que cuando terminó la hora de la tertulia en el Starbucks, nos regresamos a la oficina. En el preciso momento en que puse un pie dentro del pequeñísimo despacho, inmediatamente me sentí entrando en un tugurio en medio de Londres: todo era neblina [a.k.a. humo de cigarro] y el alcohol corría de un lado al otro sin reparo alguno y no me quedó más que unirme a la celebración en honor...