Imagínate un sueño en el que lo último que recuerdas es haber tirado una botella a la basura y al momento de regresar a tu asiento, tu cuerpo se siente tan ligero... como si fueras de arena. Te levantas para salir a tomar aire pero trastabillas para llegar a la puerta y correr al exterior donde el viento te recibe levantándote al infinito, filtrándose por todos tus poros y regresándote al suelo con suavidad. Regresas por un vaso con agua porque la sed está matándote... lo bebes lentamente y sientes como pasa por tu garganta mientras te sientas en el sillon donde pierdes la noción del tiempo porque no recuerdas lo que hiciste dos segundos antes pero aún así crees que no lo hiciste y solamente lo pensaste. Todo se mueve en cámara lenta. Tus pies están fríos y los recoges para calentarlos... te acurrucas en el sillón y cierras los ojos. En ese instante sientes como todo tu entorno se convierte en una selva y que la música te guía desde el corazón de la selva amazónica, pasando por el Carn...
Alguna vez alguien me dijo que soy agridulce... talvés haya tenido razón...