¡Por fin es viernes [cuando era una sanguijuela me preguntaba por qué las personas trabajadoras se alegraban por un pinche día y ahora, les entiendo]! Sucede que en el lugar donde me parto la espalda trabajando como negra para mantenerle el vicio [cigarros, por supuesto] a mi señora madre y a su vecina laquenofumadelantedesumarido, cada quien hace su horario y hoy me di el lujo de llegar a las 10 y algo y salir a las 2 para echar el cafecito con Mary y comprar un libro que sólo podía conseguir en Gandhi o El Sótano, pero no contaba con que mi primo [no el fresa, sino su hermano nofresa] iba a acompañarme, así que cuando terminó la hora de la tertulia en el Starbucks, nos regresamos a la oficina. En el preciso momento en que puse un pie dentro del pequeñísimo despacho, inmediatamente me sentí entrando en un tugurio en medio de Londres: todo era neblina [a.k.a. humo de cigarro] y el alcohol corría de un lado al otro sin reparo alguno y no me quedó más que unirme a la celebración en honor...
Alguna vez alguien me dijo que soy agridulce... talvés haya tenido razón...